
La construcción de un escenario macroeconómico estable en la Argentina requiere pilares de inversión capaces de proyectarse más allá de las coyunturas de corto plazo. En el marco del Ciclo Democracia y Desarrollo celebrado en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), el Gerente General de Río Tinto Lithium, Ignacio Costa, planteó una lectura estratégica sobre la articulación entre seguridad jurídica, competitividad y desarrollo territorial.
Para Costa, las decisiones del sector requieren un horizonte temporal claro: «La minería invierte para los próximos 30 años». Bajo esa premisa, el ejecutivo sostuvo que la certidumbre institucional constituye la base sobre la cual se construye la eficiencia operativa: «Pareciera que, en la Argentina de hoy, la precondición para la competitividad para el lado de la minería está dada con la previsibilidad». A modo de ejemplo, graficó la magnitud de estos compromisos señalando que un solo proyecto en la provincia de Salta se encuentra invirtiendo 2.500 millones de dólares. Sin embargo, advirtió que para alcanzar la competitividad también se requiere bajar costos, un punto sobre el cual consideró que se está dando un debate muy interesante en el país.
El impacto federal: cómo la cadena de valor transforma la geografía del NOA
Uno de los debates recurrentes al analizar la industria radica en la medición del empleo. Al abordar este punto, Costa invitó a descentralizar la mirada tradicional para comprender la verdadera magnitud de las operaciones en el interior del país. «La minería como industria genera menos empleo que otras», reconoció, pero aclaró que «en términos relativos, visto desde Buenos Aires, sí, genera muy poco. Ahora voy a Salta, voy a Catamarca, voy a Jujuy, no voy a un pueblo donde hay pleno empleo minero. Hay que mirar las cosas desde un ángulo diferente».
Esta perspectiva adquiere densidad al evaluar el efecto multiplicador sobre el entramado productivo local. Costa detalló que, si bien puede parecer que no es tanto a nivel nacional, mantener una nómina de 2.500 empleados «para el NOA es un montón y te multiplica por cuatro el desarrollo de proveedores». Se trata de una dinámica donde la demanda de bienes y servicios impulsa el desarrollo en zonas alejadas de las grandes urbes, como ocurre pasando las Salinas Grandes en Jujuy, donde, según el directivo, «está la generación y el desarrollo económico».
Marcos regulatorios e integración global: el rol del RIGI
La capacidad de posicionar proyectos de gran escala implica competir en un mercado global por la asignación de capitales, donde Argentina no es el único jugador. Costa remarcó que empresas como Rio Tinto evalúan constantemente distintos destinos a nivel mundial, y admitió que Sudamérica había salido de sus planes de desarrollo, pero logró reincorporarse. En este sentido, disponer de un marco normativo previsible resultó determinante: «Se generaron condiciones, porque se generó el RIGI que nos da previsibilidad, que nos da certidumbre y eso permite que inversiones muy grandes se estén instalando en lugares del país donde antes no había ni siquiera una fuente de empleo».
Asimismo, destacó el modelo de articulación productiva donde convergen los fondos del exterior con el talento nacional: «Los grandes proyectos mineros en Argentina los estamos haciendo empresas extranjeras», aunque subrayó que «el management es 100% argentino».
Con el 100% de su producción orientada a los mercados globales por la falta de consumo interno, la minería comparte hoy con la agroindustria y el sector de Oil & Gas un lugar estratégico: el de «generar divisas y apoyar a la estabilidad del país». El desafío hacia adelante pasará por consolidar estas reglas claras para transformar el potencial geológico en una matriz productiva sólida, previsible y fuertemente arraigada en las comunidades locales.

